miércoles, 28 de mayo de 2008

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Gracias a todos.
Claudio

martes, 15 de enero de 2008

Marxismo y cristianismo

Nota: Este artículo fue escrito hace tiempo atrás. Nunca me atreví a publicarlo, por miedo a estar equivocado en algunos puntos esenciales. Después de mi encuentro con el libro "Fidel y la religión", y con la experiencia historiada en diversos títulos de la resistencia cristiana en latinoamérica, estoy seguro de que muchas de las cosas que aquí vertí pueden ser ciertas. Hubiese sido espléndido complementar el siguiente ensayo con esos nuevos y enriquecedores conocimientos, pero no dirían mucho en el aspecto teórico, que es el intento principal de lo que aquí verán escrito.
Un abrazo fraternal a los cristianos y ateos que pasen por acá y lo lean. Aquí les va, con mucho afecto.
Claudio Aguayo, 16 de Enero de 2008


Marxismo y Cristianismo

Una aproximación a los problemas del cristianismo revolucionario frente a la filosofía de la praxis.


A Rafael Maroto, sacerdote católico dirigente del MIR


Dicen que tras la bala

se oyó una voz

era Dios que gritaba

Revolución”

Daniel Viglietti


1.- Las fundamentaciones del ateísmo


La convivencia entre el marxismo y el cristianismo, nos enseñaron los manuales soviéticos, es una utopía peligrosa, que conduce inevitablemente al idealismo. El cristianismo sería muestra de un idealismo objetivo peligroso, por cuanto desmerece y socava el valor de la ciencia positiva frente al mundo. El idealismo objetivo, como cualquier idealismo, conduciría además a esa conclusión tan odiada por todos nosotros, pero tan afín al marxismo soviético, de que no podemos conocer el mundo y debemos conformarnos con su apariencia o su “sustancia” presente en todas las cosas, Dios, en éste caso.



La tradición marxista siempre fue, naturalmente, reacia a las interpretaciones creacionistas o al teísmo. Se declaró decididamente atea, anticlerical. Feuerbach señalaría en sus escritos preparatorios para La esencia del cristianismo que la negación de Dios es condición de la afirmación del hombre. Empero, no fue esta el argumento utilizado por nuestros teóricos marxistas, ni mucho menos por quienes transformaron el marxismo en un manual, en una fórmula, en un marxismo físico y químico. Uno de los textos fundacionales de éste marxismo materialista, Materialismo y empiriocriticismo de Lenin1 señalaría explícitamente su filiación materialista científica (y por ende atea) al afirmar que “La materia es lo primario; el pensamiento, la conciencia, la sensación son producto de un alto desarrollo [Dios es una fantasía de la conciencia, la falsa conciencia]. Tal es la teoría materialista del conocimiento, adoptada espontáneamente por las Ciencias Naturales”2 Engels, en su Anti-Düring fue igualmente lapidario frente a cualquier intento de explicación idealista (es decir, no materialista científica) del mundo, y por lo tanto, frente a cualquier concepción que diera respuesta al problema sobre la creación a través de Dios.


Polemizar con Lenin y Engels no sería, sin embargo, un buen intento para éste artículo. Mucho menos el querer defender el teísmo y las explicaciones cosmogónicas religiosas frente al materialismo ateo. Tanto Lenin como Engels estaban interesados en demostrar al mundo el peligro de ciertos intelectualismos aéreos, y sus libros fueron escritos, por lo mismo, en un tono polémico, sarcástico, y no más bien en la serenidad de la reflexión teórica que reclamaba en ciertas ocasiones Antonio Gramsci. Por otra parte, el papel de la Iglesia Católica y los “prejuicios religiosos” como parte del sistema integral y estructural de la dominación hegemónica de la burguesía Rusa (emparentada con el zarismo) e Inglesa, reclamaban una fundamentación concreta sobre el ateísmo, que dejara como consecuencia un desprecio total hacia clérigos, cristianos y cristos.


En el polo opuesto a la fundamentación materialista, Feuerbach intentaría demostrar la esencia atea del cristianismo al afirmar que la pretensión cristiana (de Cristo, y constatable en el nuevo testamento) de que los hombres sean como Dios, es decir buenos, generosos, piadosos etc., sería una negación de Dios. Tal pretensión es la pretensión de que el hombre sea Dios, y por lo tanto, convierte en innecesaria la existencia de Dios. La condición de la libertad del hombre sería la esclavitud de Dios y viceversa, puesto que si Dios es bueno, el hombre es lo opuesto a Dios, y si Dios es malo el hombre es superior a Dios (de acuerdo a los valores que el cristianismo asigna a un Dios) y debe “inexistirlo”. En algo similar habrá pensado Nietzsche al insinuar el asesinato de Dios por parte del hombre. ¿Qué hay de superior de esta argumentación del ateísmo frente al cientificismo que lo considera científicamente muerto?; (1) que su derivación fundamental es el humanismo filosófico, (2) que no necesita servirse de los límites cognoscitivos de la ciencia para reafirmarse y (3) que (dada su reafirmación de Dios en el hombre, y por lo tanto, su reconocimiento del cristianismo) no provoca una ruptura total entre las visiones cristianas sobre la sociedad humana, y las visiones revolucionarias. Sobre éste tercer punto se asienta la teología de la liberación. Lo que para los soviéticos fue la debilidad del ateísmo de Feuerbach (su no-negación total del cristianismo, sino su negación dialéctica) para nosotros constituye su fortaleza.


2.- Cristianismo y emancipación humana


Toda la concepción feuerbachiana sobre la religión y el ateísmo es superior, hemos dicho, a la concepción y argumentación cientificista sobre la inexistencia de Dios, por que, si mientras la última argumentación, aparentemente amurallada e impenetrable, deriva en una concepción materialista que niega al sujeto, la primera lo reafirma no como un sujeto “sujeto” a las leyes de la ciencia, sino de sus propias limitaciones humanas, y por tanto, históricamente superables.


Dios reside en la historia como Jesucristo, y como fe en la esperanza. Franz J. Hinkelammert, sociólogo marxista y cristiano, señala que “La teología de la liberación es teología concreta, teología histórica (...) su pregunta no es “¿existe Dios?” sino “¿dónde está presente” y “¿cómo actúa?”. El punto de partida de la teología de la liberación es, entonces, la pregunta por el lugar concreto e histórico en el cual Dios se revela”. 3 Si Feuerbach retiene a Dios en el hombre, el hombre y su fe en Dios como Dios liberador se debe expresar como el carácter histórico de la existencia humana. La Teología de la Liberación podría entonces clasificarse dentro del humanismo historicista, y por lo tanto, mil veces más cercana a nuestra filosofía de la praxis que las disquisiciones “científicas” de los elegidos soviéticos.


No es, como pensaría Alan Woods, un debate filosófico con el creacionismo lo que necesitamos; necesitamos un diálogo con la experiencia creativa de los cristianos por el socialismo, de los cristianos marxistas. Y con la experiencia entendida más allá de la separación sujeto/objeto, comprendida entonces como experiencia histórica de los cristianos que se identifican como pueblo de Dios.


Engels marca el camino de ésta visión de manera enérgica cuando relata, en forma apasionada, que “actuaba (...) en el Imperio romano un peligroso partido de la subversión. Este partido minaba la religión y todos los fundamentos del Estado; negaba de plano que la voluntad del emperador fuese la suprema ley; era un partido sin patria, internacional, que se extendía por todo el territorio del Imperio (...) Este partido de la revuelta se conocía por el nombre de los cristianos”4. Es preciso no sólo reclamar, por tanto, un diálogo fructífero con las tendencias revolucionarias del cristianismo, que dieron en Latinoamérica la sangre de Rafael Maroto, de Camilo Torres y de tantos otros curas torturados y asesinados en Chile, Brasil, Colombia. Es preciso retornar a esta versión originaria del cristianismo como Partido de la revuelta, de la subversión y de la salvación terrena.


Como enfatizó la filosofía de Feuerbach, no es una contraposición entre teísmo y ateísmo lo que necesitamos después del advenimiento de la modernidad capitalista. Una negación radical de Dios en pos del hombre es tan benéfica como una concepción de Dios como un Dios que reside y, en palabras de Hinkelammert, se revela en la experiencia histórica del ser humano. La contraposición es, por tanto, entre los modelos filosóficos anti-humanistas, dogmáticos y autocomplacientes y los relatos humanistas, historicistas, anti-contemplativos y praxiológicos. Es la propia experiencia histórica, por otra parte, la que demuestra que puede surgir, del movimiento eclesial, del movimiento que todos los días reza, el movimiento popular, el movimiento que todos los días lucha.


3.- Conclusión; la Teología de la Liberación como filosofía de la praxis


Las Comunidades Eclesiales de Base, que adoptaron la propuesta metodologica de enseñanza de Paulo Freire (conocida como Educación Popular) fueron un poderoso instrumento de concientización en el seno de los sectores semi-esclavizados de Brasil. Las reflexiones que se hacían en éstos “refugios para el pobre” a partir de la lectura del Éxodo, que relata el sufrimiento y la liberación del Pueblo de Dios en busca de la tierra prometida, llevaron a los campesinos a tomar la decisión de enfrentar a los terratenientes ocupando sus haciendas. Así, el 7 de Septiembre de 1979, ciento diez familias sin tierra llegan a la hacienda Macali y clavan una cruz y una bandera de Brasil, dando nacimiento de facto al Movimiento de campesinos Sin Tierra. La aproximación desde la Teología de la Liberación al ideario socialista revolucionario no es, como vemos, un “largo camino” desde la “concepción idealista” hasta la “concepción materialista”, sino más bien un proceso que surge por la propia carga revolucionaria del cristianismo, y que los teólogos de la liberación deberán explotar.


El marxismo, como filosofía que politiza la moral y la considera una expresión política y nunca una construcción individual, como Kant o Weber, o una sustancia divina, como el escolasticismo religioso, es una filosofía que defiende la moral como una moral histórica, una moral que está en la historia y debe expresarse en la lucha emancipatoria del sujeto revolucionario, así como en la cotidianidad que éste sujeto genera.


Desde esa perspectiva la Teología de la Liberación induce a los hombres a la praxis moral-revolucionaria. Frei Betto, sacerdote dominico y uno de los padres de la Teología de la Liberación, ha señalado en casi todos sus documentos, reinventando las metáforas tradicionales de la teología católica (infierno y paraíso) que el socialismo es cristiano por que garantiza la vida; los curas se politizan y luchan por el socialismo, porque Jesucristo fue una incomodidad política para las autoridades de su época, desarrollando una prédica en la que lo más importante es el derecho a la vida. Incluso deberán defender la violencia para luchar contra el capitalismo, expresión terrenal del infierno; “La iglesia siempre ha apoyado la violencia cuando se trata de defender sus propios intereses (...) y sigue nombrando capellanes militares en cualquier ejército burgués. Entonces ¿por qué no pueden haber capellanes militares en las guerrillas populares que surgen debido a la injusticia?”.5


Una Teología de la Liberación, sobre todo profundamente latinoamericana y anti-europeísta, constituye el argumento para decir que, al fin y al cabo, los cristianos pobres y los cristianos revolucionarios, son nuestros aliados imponentes de la lucha revolucionaria en América Latina, y por lo mismo debemos repensar nuestras múltiples relaciones con el cristianismo.

1 Cabe destacar que Lenin escribe Materialismo y empiriocriticismo sin haber tomado contacto con Hegel. Lenin mismo volvería autocríticamente sobre las conclusiones que tomó en ese texto, considerado por muchos como el gran error teórico del líder bolchevique.

2 Lenin, Wladimir Ilich. Materialismo y empiriocriticismo. Pueblo y educación. La habana, 1990.

3 Hinkelammert, Franz J. La teología de la liberación en el contexto económico-social de América Latina en Ensayos. Caminos. La Habana, 1999.

4 Engels, Federico. Introducción a las Luchas de clases en Francia. Progreso. Moscú. 1973.

5 Betto, Frei. Entrevista con Gianni Miná en Un continente desaparecido. Editora Abril. La habana. 2001.

jueves, 10 de enero de 2008

Comienza la vida nueva


“Desmiento que se haya dicho
de todo en la poesía,
desmiento que hayamos hecho
temblarles la alevosía.
Presiento que si se hallaban
tranquilos hasta este día
vendremos a dar al cuerno
con su redonda porfía,
que el canto entona desde ahora
cosas bravías.”
Patricio Manns

I

Comienza la vida nueva. En esta tierra, en la que todo nos es indiferente, en el país donde la lógica más humana no ha sobrevivido a la lógica del mercado, y la única explosión (siempre esperada) es la eterna explosión del sujeto en mil pedacitos, como dispersándose, como re-identificándose en pequeñas “comunioncillas” que a veces nos salvan, y a veces, las más, nos indiferencian, nos alienan, nos alejan. En este país dado de baja por intelectuales, políticos, opinólogos. En esta terrible ciudad nunca visitada, siempre escupida. Y en esta comuna, recoletana, la que vio morir primero al sol a los más pobres “del otro lado del río” (lachimba) y luego a la metralla, calcinados, a los “héroes” (mártires) de Corpus Crhisti. Aquí nazco y renazco yo. Traído desde el sur, desde el más hondo sur con el espesor de sus bosques, traído por sangre desde las llanuras escasas de la selva valdiviana.

Aquí nazco y renazco yo. Empieza de nuevo, hoy, esta semana, mi vida. Todo viene gestándose, sin embargo, desde allá muy lejos, cuando todavía jugaba con el “Mamel” en la Pincoya (el Manuel). El Mamel cometió un homicidio hace unos meses atrás, está preso. Su familia era de los primeros pobladores que llegaron a la toma de La Pincoya. Después vinieron los cambios de casa eternos. Mi papaPancho, ese que me dio tanto, y al que debo tanto. Mis hermanos. Su alegría intensa. Valdivia eternamente colonizada por mis porrazos, por mi miedo a la infinidad de bichos que habitan en el monte, por mi actitud temeraria con el mar, la que me azotó contra las rocas a las seis de la tarde, junto con mis primos. Mi mamá, siempre crespa, con su serena severidad, admirada siempre por su “salir-adelante”. Mi padre, mi amado padre, a veces ausente a la fuerza, que me enseñó el valor de ser un poco niño todos los días. Y la hermandad de mi novia morena, esa que inundó todos mis lechos, “los avatares del viento”, las marchas del paseo Ahumada, la tristeza del gas lacrimógeno, el “camino abrazadito de tu casa hasta mi casa”.

Y aquí estoy. Ya casi nada de lo que fui soy. Y todo lo que fui, sin embargo, soy todavía. La guitarra, esa que me acompañó un día en salones de conservatorio, en escenarios prohibidos, en la desnudez de mis noches frente a una partitura. En la admiración de los grandes maestros; el indeciso Leo Brouwer, el irrepetible Tárrega, el doloroso Sor, el moreno Villa-Lobos, y el potente, insuperable, estentóreo Bach sonando desde todas partes. La caja, el mástil, las cuerdas. El calabozo que hay dentro de una guitarra es el más indescifrable de todos; mantiene presos los sonidos más imposibles, los más inimaginables. Y sin querer, un día, por el camino del arte, la guitarra da a luz a su hija, la estética. Y de la estética, yo me pasé a la filosofía, hoy tan amada como nunca amé antes una disciplina, una filosofía propiamente dicha. Una rama de la vida, que es al final, lo que es en este árbol verde aun que soy la filosofía.

Hoy me desperté pensando en si soy algún poder especial. Un “poder-ser” ilimitado que plantean algunos filósofos desquiciados, que olvidan que la realidad es un oscuro muro, que hace golpearse en la cabeza al poder-ser que es el hombre. Todos los días.

Y es que logré todo lo que quería: ser feliz. El día martes me matriculé en filosofía en esa desarreglada universidad (otrora emblema de la izquierda, otrora desarticulada, desmembrada por la dictadura) que es el Pedagógico. He ahí una fuente de felicidad. Me pregunto si la felicidad es un instante. O si es una pregunta. O si los hombres son eterna pregunta, miles de preguntas que vienen al mundo a través de un parto doloroso. Que a su vez, constituye otra pregunta.

Lo que no es una pregunta, es el simple hecho afirmativo, categórico, de escribir esto. Y esto es una forma de decirles gracias. Gracias hermanos, gracias padres, padrotes y padrastros, gracias compañeros de vida, de hermandad, amigos de la infancia, profesores del colegio, tíos, abuelos, amigos del hoy. Gracias también a mis millones de héroes abstractos; desde Hegel hasta Patricia Troncoso Robles, desde Víctor Jara hasta Beethoven. Desde las estrellas, Antony Howkins y mi máquina del tiempo a los nueve años, hasta la más profunda tierra de Recabarren. Esto, está escrito en la noche, y está escrito para que nadie sea dueño nunca de este pedazo de trigo que soy, trigo del sur, trigo del norte, trigo de todas partes. De este pedazo de raza cósmica que me forjo. Y que me ayudan a forjar ustedes, los que quizás, leerán este humilde escrito.

10 de Enero, 2008

jueves, 13 de diciembre de 2007

El Software Libre, una forma de "emancipación" informática

¿Por qué seguir usando Windows, si es literalmente, "malo y caro"?


Luego de la caída del magnate soviético, la tecnología, para la izquierda, quedó bastante limitada como ámbito de ocupación intelectual y práctico. En definitiva, el capitalismo se apropió del desarrollo tecnológico e hizo de él la fuente de su acelerado crecimiento, y en más de alguna ocasión, transformó este factor en lo más determinante para su auto-reproducción y para la salvación de sus propias crisis. Por otra parte, los marxistas no volvimos nunca a familiarizarnos mucho con la tecnología, quizás a causa de que nunca consideramos éste bien como algo fundamental en la conquista de una sociedad más justa. Fenómenos tecnológicos que apuntan (de alguna manera) a la subversión informativa e informática, nos pasaron bien desapercibidos. Por mientras, contra esos fenómenos, el capitalismo fue tejiendo grandes redes y creaba un nuevo concepto punitivo; el delito informático.


En el curso de las pasadas dos décadas (y en el presente), en contraste con el desarrollo hipertrófico de las grandes compañías de la informática, se pueden identificar dos grandes movimientos de respuesta a la comercialización de la informática y a su privatización; el software libre y el llamado “hacking”. Este último no es otra cosa que un conocimiento sobre la informática que se hace de una manera distinta; mostrando la vulnerabilidad de los sistemas, por muy caros que sean, y desacreditando las múltiples privaciones que los sistemas informáticos pagados generan a los usuarios.


Por otra parte, existe el software libre. Sus pretensiones son mucho más grandes (y de alguna manera, también más revolucionarias) que las del hacking. Mientras que el hacking puede o no promover determinado activismo “en la red” (los que están a favor de esta postura son varios, y se hacen llamar “hack-tivistas”), el software libre es, de por sí, un activismo. El software libre tiene la intención, en apariencia poco realista, de derrotar, mediante el surgimiento de comunidades mundiales de usuarios de sus productos, a las grandes compañías que hacen los programas para computadoras. En especial, esta corriente ha entablado una feroz batalla con la mega-empresa imperialista Microsoft, que monopoliza la gran mayoría del software mundial.


El software libre es la “versión originaria” de la informática. Hubo un tiempo en el que la informática no fue pagada. Era utilizada con fines investigativos en ciertas universidades de los países más desarrollados. Con la aparición de la empresa Microsoft la informática perdió esa “libertad” de ser entendida, vista y revisada por cualquier persona de la red de usuarios. Entonces, lo que en un principio parecía un proyecto de escala mundial, destinado a satisfacer las necesidades de millones de usuarios, quedó reducido a una mínima parte de la población que tenía dinero para pagar las encarecidas licencias de los programas de Microsoft.


Expliquemos algo: Un programa está compuesto, entre otras cosas, por un “código de fuente”. Este vendría a ser algo así como “la receta” con la que está construída el programa. Lo que hizo Microsoft fue patentar una receta (por lo demás, una mala receta) y no sólo eso; También la volvió secreta. ¿Con qué fin?; con el fin de obligar a todos los programadores a “entregarse” a su proyecto empresarial. Hoy en día, probablemente sólo el 10% de los usuarios de Microsoft Windows conozca esta realidad.


En este conexto, el software libre se desarrolló en parte, como respuesta a la privatización del conocimiento informático masivo que surgió a fines de los años ochenta. Una definición más precisa del fenómeno nos la da la enciclopedia libre de internet “Wikipedia”; “Según la Free Software Foundation, el software libre se refiere a la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software; de modo más preciso, se refiere a cuatro libertades de los usuarios del software: la libertad de usar el programa, con cualquier propósito; de estudiar el funcionamiento del programa, y adaptarlo a las necesidades; de distribuir copias, con lo que puede ayudar a otros; de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras, de modo que toda la comunidad se beneficie (para la segunda y última libertad mencionadas, el acceso al código fuente es un requisito previo)


En los años 80, como respuesta a la explosión “privativa” en el software, el informático Richard Stallman creó el concepto de Software Libre”. Richard Stallman se negó a privatizar el software que él mismo iba creando, y surgió así el proyecto informático “GNU”. Por esos mismos años, Todvard Linus, creó el núcleo “LINUX”. De la fusión de el proyecto GNU y el núcleo LINUX, surgió el sistema operativo GNU/Linux, que es, hasta el momento, el proyecto de software no privativo más importante de la historia. El sistema GNU/Linux resultó ser muy superior, en muchos aspectos, a los sistemas creados por Microsoft. Esta superioridad se vio reforzada por los aportes que toda la comunidad de usuarios hacía al núcleo Linux del sistema operativo, a las aplicaciones y al sistema operativo en su conjunto. Por otra parte, empezaban a surgir una serie de programas que corrían en Linux, muchos de los cuales eran versiones “libres” (y gratuitas) de el software privativo de Microsoft.


La caracterísitca más importante de Linux es el uso acabado que hace de la Internet como recurso de actualización. Hace algunos años Linux era asociado con gurúes de la informática y hackers. Hoy en día, hay muchos usuarios que conocen poco de informática y utilizan Linux. Incluso en nuestro país, el INJUV lo utiliza. Es de esperarse que más espacios de gobierno migren a Linux; Con él no ncesitan pagar actualizaciones ni licencias.


El mencionado Richard Stallman hace poco tiempo visitó Cuba. Ahí se entrevistó con estudiantes de informática y dio conferencias respecto al sistema GNU/Linux. Stallman afirmó que la única solución era migrar a software libre, sobre todo para países como Cuba. En Venezuela (aunque también en países con gobiernos neoliberales, como Brasil y Argentina) se pretende que todos los computadores que estén a manos del Estado, “migren” a software libre. Dichas tareas son muy arduas. Está de por medio el intento competitivo siempre alerta de Microsoft, que ya ha creado una distribución del Sistema Operativo “Windows XP” de bajo costo, para frenar el avance de los programas libres. Por otra parte, todavía existen los mitos respecto a un “difícil uso” de Linux.


Como vemos, GNU/Linux tiene las herramientas y atributos para triunfar sobre las grandes industrias del Software privativo y su ejército de programadores bien pagados. Lo importante es que nosotros, gentes de izquierda, marxistas, nos preguntemos si éste triunfo es un triunfo necesariamente” de izquierda. Personalmente no estoy de acuerdo con ésta afirmación. El Software Libre puede ser también una herramienta para las mega-compañías de programadores; puede servirles a ellas todo el trabajo que los usuarios del software libre realizamos día a día investigando, trabajando y mejorando el código de esos programas comunitarios que nos ha entregado la red (el navegador Mozilla, la suite OpenOffice, el Sistema Operativo GNU/Linux). Y también es posible que a esas mega-compañías les interese mucho del desarrollo informático de los programas libres. Para enfrentarnos a ellos, debemos decidirnos a dos cosas. Primero a teorizar respecto al tema, a desarrollar el problema de manera concreta y analizar el fenómeno del Software Libre. Y segundo, tenemos la tarea de abandonar, todos, esa porquería que es el software privativo. Quizás el mejor ejemplo de todo ésto sea Richard Stallman, que viaja dando conferencias acerca de Informática y Software Libre por todo el mundo con una vieja Laptop que no tiene instalada ningún programa pagado.


Claudio Aguayo, Diciembre de 2007

lunes, 22 de octubre de 2007

Los cumplidores de etapas

Al Che

“Volveré y seré millones”
Tupac Amaru, antes de ser asesinado.


La parte más triste de la historia, es la parte que refiere a sus etapas. Esta parte es la que no nos conviene a nosotros; los “Condenados de la tierra”, los abandonados, los últimos. Los que estamos al sur del mundo. Hace poco leía las reflexiones del Che en torno a un Manual de Economía de la URSS. Me quedó grabada, en especial, una apreciación suya. Decía algo así como que, en estos tiempos, se abría una nueva “contradicción” fundamental para los pueblos; La contradicción entre naciones explotadoras y naciones explotadas. Así, el Che, y con la misma generosidad que dio a luz, junto a Fidel, la Revolución Cubana, nos ofrecía a nosotros una etapa propia y auténtica. Por que en la historia las etapas están escritas desde Londres, desde París, desde Córdoba, desde Lisboa, desde Milán. Desde los países en los que floreció el pensamiento humanista, heredero de la cultura grecolatina.

Con el Che, con ese grandioso revolucionario que nos decía; ¡Nosotros, los latinoamericanos, los africanos somos los sujetos de la historia!, yo pensaba en lo mucho que hemos deambulado buscando los enemigos internos. Sartré antes del Che, ya se refería a un nuevo hombre. Y lo hacía desde la misma perspectiva que el Che; Desde una perspectiva profundamente anti-europea. Aunque Sartré era francés, sabía muy bien que su continente, el viejo continente, no era más que una farsa. Y habló de ese continente, y de esa bestia “súpereuropea” que es Norteamérica.

Las cosas van de mal en peor. El Che parece haber sido relegado a los actos multitudinarios, a las fiestas, a las poleras (remeras, para nuestros hermanos argentinos), a los afiches en la pared de mi pieza privada. Única. Individual. Esta misma desde la que yo escribo, y en la que me encierro. Esa misma en la que tú lees. Quizás con un afiche del Che cerca. Quien sabe si en ti, o en mi, ese afiche toma vida. El caso es que las cosas van de mal en peor. Los condenados de la tierra seguimos condenados, a algo mucho peor que la tierra; a la enajenación, a la economía. A la estupidez más absurda y vacía, como zombis. Como jugando a ser un no se qué en medio de la nada.

Si hasta Heidegger, un nazi arrepentido, tenía una mejor concepción acerca de la historia que nosotros, los objetos más explotados de ella. Nos mostraba la historia como algo que aún siendo pasado, sigue presente. Y nosotros, aunque Heidegger y Sartré siguen ajustando cuentas en el infierno, seguimos anclados en las “etapas”. “Hay que quemar etapas compañeros, las etapas”. “Si no respetamos las etapas todo se nos va a las pailas…vamos a terminar aislados”. ¿Aislados de qué? O mejor dicho; ¿Qué más aislados? Vamos a terminar aislados de la globalización que no queremos, del viejo continente (y el nuevo heredero del viejo), de la modernidad, de las comunicaciones. Vamos a terminar siendo unos “románticos ultraizquierdistas”. Como el Che… Que no se nos olvide; algunos “marxistas-leninistas”, en nuestro continente, fueron hostiles al proyecto del Che. Pero eso no importa. Era otro tiempo; El del KOMINTERN, la vulgaridad soviética y la inconsecuencia armamentista de la burocracia nuclear.

Y los latinoamericanos seguimos aquí. Cumpliendo una etapa que no se realizó nunca. Cumpliendo las tareas que les correspondían a los “independentistas”. En el caso de los chilenos, seguimos suicidando a Balmaceda todos los días. Por que éste cumplimiento eterno de la etapa “democrática” del “capitalismo nacional”, no es sino una auténtica condena al atraso. Al desarrollo del subdesarrollo, como diría Günder Frank.

Oh…pero se nos olvida algo. La “posmodernidad”. Es el fin indiscutido de los grandes relatos. ¡Se acabó Lúkacs, se acabó Nietzsche, se acabó el humanismo ateo y el humanismo cristiano! Debemos olvidarnos de todo eso. Eso es la historia; un pasado-pasado, un lugar remoto, una muerte de algo con fecha y lugar determinado. La historia no es “vida abierta”, no es “camino que empieza”. Es lo que ya fue. Es lo que nos dicen todos los días. Olvídate de todo; en el fondo es eso. Y se acentúa el abismo, y seguimos cumpliendo etapas. Y seguimos esperando a que “las condiciones cambien compañeros”. Y el Che y su proyecto siguen esperando. Y el colonialismo sigue su curso, y los siglos de perversión social, de indígenas violadas y “wenas naty’s” se reproducen cotidianamente.

Pero éste cumplimiento sempiterno de la etapa democrática, no lo es todo en ésta tierra. Hay ejemplos. No todo es una prolongación de la historia de la Metrópoli. Hay quienes hacen su propia historia. Lo vi en las noticias. Vi a niños de catorce años vestidos con una Hatta en Palestina, oponiéndose a los colonos. Vi a un hombre viejo, en una isla. Y por suerte, todos los días tengo el afiche del Che. Y la terrible crudeza del abismo en los cuadros de Guayasamín.

Algunos siguen, o seguimos, sin observar detenidamente esos ejemplos. Es como si ya nos hubiésemos acostumbrado a ellos. Y toda la violencia de nuestra vitalidad, de nuestro éxtasis “dionisiaco” latinoamericano, Inca, maya, pintado de colores y cacao, es reemplazada por una pacata indiferencia, vestida de frac y convertida en adicción a un viejo tiempo que no es siquiera nuestro. Y a veces, los condenados de la tierra, somos condenados a otra tierra más; a una historia que no nos pertenece, o que no nos toma en cuenta. ¡Qué terrible era leer, en aquellos libros que escribían los comunistas rusos de mediados del siglo XX, que Latinoamérica debía subordinarse a la suerte de la madre patria soviética! Que Cuba no era propiamente un país socialista. ¿Por qué? Por que no estaba en Europa. Oh Europa; Paris, je t'aime.

Es hora de avanzar. Hora de descubrir que nuestra vida es superior a la de nuestros colonos. Que nuestra etapa es una etapa siempre nueva. Ha sido siempre distinta; desde el Tahuantisuyo. Se ha llamado Tupac Amaru, se ha llamado Lautaro, se ha llamado José de Antequera, Mariátegui, y se ha llamado una y mil veces Che. Bajo el arco del sol, nos espera una lucha auténtica que hemos de descubrir dejando de cumplir la etapa sempiterna. Sacando los machetes campesinos, las manos, los puños. Y hasta el cansancio, una y otra vez repetir “hasta la victoria siempre”.

jueves, 23 de agosto de 2007

A 67 años de la muerte de Trotsky


Por un Trotsky Latinoamericano


Trotsky fue, sin duda, uno de los políticos rusos más importantes de todo el siglo XX. Su contribución intelectual y directiva del proceso revolucionario que condujo a la revolución de octubre, fue, después de la de Lenin, la más importante. Lideró y organizó el alzamiento del soviet de Petrogrado (o San Petersburgo, el primero de los soviets, fundado en 1905 por el mismo Trotsky), que fue el escalafón fundamental que concretaría la revolución rusa. Posteriormente, recorrió cientos de kilómetros reclutando campesinos, obreros y soldados para la formación del Ejército Rojo. También se hizo cargo de las negociaciones de paz que retirarían a Rusia de la Primera Guerra Mundial. Y pese a esa inmensa evidencia de grandiosidad revolucionaria, todavía se le mira, desde múltiples lugares (comunes) de nuestra desbaratada izquierda, como un “ultraizquierdista intelectual” o un semi-anarquista que desvirtuó las ideas del marxismo.

La vida política de Trotsky estuvo marcada, sin duda, por la abnegación a la causa revolucionaria y la dedicación a ella por sobre todas las cosas. Ni el asesinato de sus seres queridos por parte de la GPU (servicio secreto de Stalin), ni los atentados que sufrió, impidieron que siguiera desarrollando sus ideas y llevándolas a la práctica con una dedicación muy especial.

En la primera etapa de la revolución bolchevique, Lenin confió a Trotsky muchas de las tareas más importantes del proceso revolucionario. Incluso, Lenin, en sus últimos días de vida, confió a Trotsky una serie de ideas que tenían que ver con la “bucrocratización” del aparato de Estado soviético y los peligros que encarnaba Stalin. Sobre ello hay documentos que permiten comprobar estas dudas de Lenin. Casualmente, Lenin murió justo en aquella época en la que asumía un papel crítico acerca de Stalin. Trotsky, demostrando una honestidad y transparencia pocas veces vista en la historia, nunca se atrevió a acusar a Stalin de la muerte de Lenin, aunque siempre planteó sus dudas respecto a los médicos que atendían al líder bolchevique.

Trotsky es uno de los fundadores de la oposición de izquierda, que impulsó el debate al interior del Partido Comunista de la Unión Soviética, en torno a la derechización del proceso revolucionario y a la germinación de un Estado policiaco burocrático en Rusia. La oposición de izquierda tuvo alcances internacionales, y en torno a ella giraron revolucionarios latinoamericanos como José Carlos Mariátegui y Julio Antonio Mella. Mariátegui defendió entusiastamente las ideas de Trotsky en el plano de la literatura, acogió sus opiniones sobre lo que debía ser la revolución latinoamericana, y definió a Trotsky como un ejemplo del “ideólogo realizador” que debía llevar a cabo la revolución latinoamericana (En defensa del marxismo).

Trotsky nos legó su práctica revolucionaria como ejemplo, y su teoría revolucionaria, como una auténtica y original idea sobre la revolución. Mientras que el estalinismo, latinoamericano y mundial, argumentaba que los países subdesarrollados debían pasar (antes que todo) por una etapa “democrático burguesa”, conducida por un Frente Popular de alianzas entre la burguesía y el proletariado, Trotsky y el marxismo revolucionario (en el que contamos a Mariátegui, Gramsci, Che Guevara) insistieron en la necesidad de que fuera el propio proletariado, la clase revolucionaria, la que llevara a cabo los cambios sociales que, en los países europeos, realizó la burguesía vernácula. Para Trotsky la cuestión era verdaderamente sencilla: No importa el tipo de desarrollo que tenga un país, la revolución “democrática” no puede ser llevada a cabo por la burguesía “democrática” ni por los parlamentos “democráticos de la burguesía” aliados con los Partidos de Izquierda. La revolución democrática debe ser auténticamente socialista. Al igual que el Amauta peruano, Trotsky concebía que democracia y socialismo son dos cosas inseparables. La revolución debía ser, pues, permanente. Se empezaba y se terminaba realizada por los obreros y campesinos, no por la burguesía.

Para Trotsky, en resumen, no había países “maduros” e “inmaduros” para la construcción del socialismo.

Aunque a muchos de los compañeros de la izquierda chilena les parezca erróneo, Trotsky no tiene nada que ver con los posteriores sectarismos que en torno a él se formaron, ni con el verdadero “culto a la personalidad” que se forjó en torno a su imagen. Trotsky abogaba por la construcción de una nueva internacional, que luchara de verdad por la revolución socialista, no por una revolución democrática o por obtener puestos en el parlamento (posición que, como Lenin, calificó de cretina). Por eso muchas veces (pero no la mayoría de ellas) erró al definir los procesos revolucionarios y se alejó de muchos potenciales aliados (el ejemplo de su alejamiento del POUM durante la Guerra Civil y la radicalización de sus posturas políticas en torno al conflicto es más que decidor). Todos los revolucionarios cometen errores; Trotsky muchas veces previno contra el sectarismo. Pero sus seguidores fueron rompiendo unos con otros, hasta sobrevenir en el trotskismo internacional un auténtico infantilismo.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿Debemos ser sinceramente trotskistas? Somos leninistas, somos marxistas. Somos tantos ismos y al final, eso sólo empeora las cosas por que, definitivamente, no son los ismos el barómetro de un revolucionario. Debemos pensar con Trotsky, con Lenin, con el Che Guevara. Y debemos revisar, profundamente, si nuestra tradición histórica tiene o no cosas de las que avergonzarse. Debemos interrogarnos todos; miristas, comunistas, socialistas revolucionarios, e incluso trotskistas. Y lo debemos hacer desde una perspectiva auténticamente revolucionaria. No debemos seguir viendo a ese Trotsky europeo y europeísta. Debemos apropiarnos del que está pintado en los murales de Diego Rivera. Un Trotsky latinoamericano, que sirve a la revolución latinoamericana y al socialismo (por qué no) indoamericano por el que abogó Mariátegui, el fundador de nuestro marxismo latinoamericano.

viernes, 23 de febrero de 2007

¿A dónde va el semanario de nuestro Partido?


¿A dónde va el semanario de nuestro Partido?


Hace muy pocos días, me quedé sorprendido al abrir "El Siglo" y encontrarme, en las primeras páginas, con un "consultorio sexual" escrito por la periodista y panelista del programa de farándula "SQP" Pamela Jiles. Encima, dicho "consultario", tenía como nombre "Comunacha". Seguramente para cualquier chileno relativamente familiarizado con el mundo de la política, está claro que "Comunacha", en su connotación sexual, es una clara alusión a un supuesto fanatismo de las militantes comunistas por el sexo. El término "Comunacha" asienta su significado simbólico-popular no sólo en términos de asignar, a la mujer comunista, una actitud de "caliente", sino también en el hecho mismo de ser un término despectivo, por lo menos, surgido desde la discriminación política de la dictadura. "Comunacha", los "comunachos". Los comunistas somos comunistas, y nuestras mujeres son trabajadoras comunistas, no "comunachas".


A decir verdad ésta columna me tiene indignado. Representa para mi una consecuencia inexplicable del grado de deformación cultural del pueblo chileno, que ha caído en una erotización generalizada. Además, esto de escribir consultorios sexuales, no es sino una mala costumbre pequeñoburguesa (y neoliberal) por hacer del sexo una suerte de obsesión, un tema que debemos tocar necesariamente en todas las mesas de conversación, en todos los periódicos, en todos los programas televisivos. Hay que hablar de sexualidad, es cierto. Hay que exigir que se hable de sexualidad. Pero convertir "el sexo" (el acto sexual mismo) en un tema relamido, al que debemos retornar una y otra vez, morbosamente, no representa si no la inconsecuencia de atribuir al sexo mismo un poder que no debería tener, un poder llamativo y opresivo, ese poder que denunció Foucault y que funciona bajo diversos mecanismos, para apartar a los seres humanos de lo realmente importante.


Una sociedad erotizada. Altamente sexualizada e impregnada por todos lados con el tema sexo. Una sociedad donde, cada dos minutos, en la televisión y en los periódicos se abren temas que tienen que ver con el sexo, bailes excitantes que nos llaman a exponer el sexo como algo no hermoso e íntimo, sino trillado, público y voluptuoso. Una sociedad que quiere hacer del sexo un lenguaje, una forma más de diversificar las conductas y las modas. Soy "masoquista", ¡La prensa me alaba, me filma, me muestra como un héroe del sexo!. Hago "intercambios de pareja" y mientras que la Iglesia se escandaliza, algunos medios critican, esos mismos medios después dan mi número telefónico en sus páginas para facilitar el intercambio. Es evidente para cualquier persona que haya comprado La Nación domingo. Soy pedófilo. Un depravado, un demente. Sin embargo hacen pasar la pedofilia como algo normal y absurdo, como algo que incluso en ciertos países no constituye una gravedad. ¿Qué tal?, basta con leer "The Clinic".


Las discotecas están invadidas de sexo. Los bares están invadidos de sexo. Una sexualidad que, tarde o temprano, terminará por mermar la independencia sexual de nuestras mujeres. Terminará por convertir su feminidad en algo al servicio de la masculinidad. Y ese hecho, es empaquetado como "liberación femenina". En términos claros; para la mayoría, para el sentido común de los medios de comunicación, la liberación femenina consiste en la silicona y en los grandes traseros moviéndose al ritmo del "reggeton" en un programa de la tele. Y mientras ese concepto de liberación se encarna en el inconsciente colectivo, las mujeres siguen percibiendo menores salarios, tienen menor acceso a la educación y aumenta brutalmente el femicidio. Por que claro, para el macho, la mujer es "Como un hacha", y no merece más que eso; un papel sexual pasivo y social pasivo.


La sexualidad también puede ser una forma terrible de poder: el poder-sexo que obliga a la "hembra" a someterse a los designios del lenguaje sexual masculino, violento, como en las películas pornográficas. Y qué mejor forma de darle poder a la sexualidad deformada del capitalismo, que dándole columnas a mujeres que fomentan, cotidianamente, a través de la televisión y el bombardeo de los medios, la imagen desgastada de la "mina" rica, caliente y por sobre todo, tonta. Ahora, Pamela nos quiere trasladar esa imagen de "mina" fácil, de farándula (como imagen idílica de una mujer, voluptuosa y novia de un futbolista), a nuestro periódico... "Comunacha". ¿Qué harían ustedes, los militantes de éste Partido, el Partido de Recabarren, si a sus compañeras les comienzan a decir "eres Como un hacha"?. Yo me sentiría muy mal. Seguramente no sólo se pone en juego la imagen de la mujer comunista a través de ésta columna. También nuestra forma de percibir la sexualidad como algo normal, y no digna de una desnaturalizada columna de nuestro semanario. Pamela Jiles está bien en SQP. No tiene por qué venir a invadir, con su estúpida mentalidad de minita farándula, nuestros medios, los medios de los trabajadores.


Claudio Aguayo