viernes, 23 de febrero de 2007

¿A dónde va el semanario de nuestro Partido?


¿A dónde va el semanario de nuestro Partido?


Hace muy pocos días, me quedé sorprendido al abrir "El Siglo" y encontrarme, en las primeras páginas, con un "consultorio sexual" escrito por la periodista y panelista del programa de farándula "SQP" Pamela Jiles. Encima, dicho "consultario", tenía como nombre "Comunacha". Seguramente para cualquier chileno relativamente familiarizado con el mundo de la política, está claro que "Comunacha", en su connotación sexual, es una clara alusión a un supuesto fanatismo de las militantes comunistas por el sexo. El término "Comunacha" asienta su significado simbólico-popular no sólo en términos de asignar, a la mujer comunista, una actitud de "caliente", sino también en el hecho mismo de ser un término despectivo, por lo menos, surgido desde la discriminación política de la dictadura. "Comunacha", los "comunachos". Los comunistas somos comunistas, y nuestras mujeres son trabajadoras comunistas, no "comunachas".


A decir verdad ésta columna me tiene indignado. Representa para mi una consecuencia inexplicable del grado de deformación cultural del pueblo chileno, que ha caído en una erotización generalizada. Además, esto de escribir consultorios sexuales, no es sino una mala costumbre pequeñoburguesa (y neoliberal) por hacer del sexo una suerte de obsesión, un tema que debemos tocar necesariamente en todas las mesas de conversación, en todos los periódicos, en todos los programas televisivos. Hay que hablar de sexualidad, es cierto. Hay que exigir que se hable de sexualidad. Pero convertir "el sexo" (el acto sexual mismo) en un tema relamido, al que debemos retornar una y otra vez, morbosamente, no representa si no la inconsecuencia de atribuir al sexo mismo un poder que no debería tener, un poder llamativo y opresivo, ese poder que denunció Foucault y que funciona bajo diversos mecanismos, para apartar a los seres humanos de lo realmente importante.


Una sociedad erotizada. Altamente sexualizada e impregnada por todos lados con el tema sexo. Una sociedad donde, cada dos minutos, en la televisión y en los periódicos se abren temas que tienen que ver con el sexo, bailes excitantes que nos llaman a exponer el sexo como algo no hermoso e íntimo, sino trillado, público y voluptuoso. Una sociedad que quiere hacer del sexo un lenguaje, una forma más de diversificar las conductas y las modas. Soy "masoquista", ¡La prensa me alaba, me filma, me muestra como un héroe del sexo!. Hago "intercambios de pareja" y mientras que la Iglesia se escandaliza, algunos medios critican, esos mismos medios después dan mi número telefónico en sus páginas para facilitar el intercambio. Es evidente para cualquier persona que haya comprado La Nación domingo. Soy pedófilo. Un depravado, un demente. Sin embargo hacen pasar la pedofilia como algo normal y absurdo, como algo que incluso en ciertos países no constituye una gravedad. ¿Qué tal?, basta con leer "The Clinic".


Las discotecas están invadidas de sexo. Los bares están invadidos de sexo. Una sexualidad que, tarde o temprano, terminará por mermar la independencia sexual de nuestras mujeres. Terminará por convertir su feminidad en algo al servicio de la masculinidad. Y ese hecho, es empaquetado como "liberación femenina". En términos claros; para la mayoría, para el sentido común de los medios de comunicación, la liberación femenina consiste en la silicona y en los grandes traseros moviéndose al ritmo del "reggeton" en un programa de la tele. Y mientras ese concepto de liberación se encarna en el inconsciente colectivo, las mujeres siguen percibiendo menores salarios, tienen menor acceso a la educación y aumenta brutalmente el femicidio. Por que claro, para el macho, la mujer es "Como un hacha", y no merece más que eso; un papel sexual pasivo y social pasivo.


La sexualidad también puede ser una forma terrible de poder: el poder-sexo que obliga a la "hembra" a someterse a los designios del lenguaje sexual masculino, violento, como en las películas pornográficas. Y qué mejor forma de darle poder a la sexualidad deformada del capitalismo, que dándole columnas a mujeres que fomentan, cotidianamente, a través de la televisión y el bombardeo de los medios, la imagen desgastada de la "mina" rica, caliente y por sobre todo, tonta. Ahora, Pamela nos quiere trasladar esa imagen de "mina" fácil, de farándula (como imagen idílica de una mujer, voluptuosa y novia de un futbolista), a nuestro periódico... "Comunacha". ¿Qué harían ustedes, los militantes de éste Partido, el Partido de Recabarren, si a sus compañeras les comienzan a decir "eres Como un hacha"?. Yo me sentiría muy mal. Seguramente no sólo se pone en juego la imagen de la mujer comunista a través de ésta columna. También nuestra forma de percibir la sexualidad como algo normal, y no digna de una desnaturalizada columna de nuestro semanario. Pamela Jiles está bien en SQP. No tiene por qué venir a invadir, con su estúpida mentalidad de minita farándula, nuestros medios, los medios de los trabajadores.


Claudio Aguayo